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Hoy puede ser un buen día para hacer bien las cosas

Desde que me apunté a mi clase de Yoga supuse que eso es lo que tenía que hacer, porque realmente me apetecía. Ahora veo que eso es lo que necesitaba hacer en este momento de mi vida. Sólo llevo dos semanas y después del bloqueo inicial a dejar la mente en blanco, estoy cogiendo práctica. Todas las noches justo antes de dormirme hago unas pocas respiraciones, primero el ritmo cardiaco es alto. Es normal, he estado tanto tiempo en un estado de tensión y estrés que mi propio cuerpo (aunque empiezo a sospechar que en concreto es mi mente) se pone en alerta ante esta nueva sensación de relajación. Pero poco a poco quito el foco de atención ante ese primer miedo, ese bloqueo inicial a relajarme, y comienzo a poder poner la mente en blanco. Sí, totalmente en blanco. No es que deje de pensar, porque eso lo veo, por lo menos ahora, imposible. El caso es que puedo observar desde fuera esos pensamientos, como “ver los toros desde la barrera”, y no les presto atención. Durante unos minutos los pensamientos siguen y siguen aflorando en mi mente en plan machacón. Incluso algunos de miedo.

Pero, como me dijo mi estupendo profesor, Ramiro, yo sigo a lo mio, desde la conciencia, pensando en una bola blanca que crece. Me concentro, mientras observo la respiración. Y comienzo a colocar pensamientos positivos, conscientes, en mi mente. “Estoy relajada, yo puedo relajarme, estoy tranquila, soy feliz, gracias por ser feliz…” Y cosas por el estilo. Sé que debería tener un mantra, pero aún no puedo controlar el pensamiento para que sólo vaya en una dirección. Todo se andará. Realmente estas noches haciendo este estupendo ejercicio están siendo muy beneficiosas, porque por la mañana me levanto, sin provocarlo, con una sonrisa y descansada.

La constancia no es una de mis virtudes, pero voy a concentrarme para conseguir que sea mi aliada. Quien sabe, quzá concentrándome en estas sensaciones de paz, alegría y bienestar atraiga a una pareja a mi lado. Ah! y más amigos divertidos…. todo se andará.

Namasté

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Hoy puede ser un buen día para ser feliz

Creo que esto de la meditación se me va a dar bien. Ayer comencé mi clase de Yoga, y oye, que fue mejor de lo que esperaba. Hasta que tuve que dejar la mente en blanco. ¡En blanco!

¡Menos mal que tenía los ojos cerrados!, porque, con los modelitos de calcetines que llevaban mis compañeros ya tenía material suficiente para distraerme.

Si es que me lo dijo mi amiga Clara cuando me apunté en este centro de Yoga: “cuidado Isabel que la gente se lo toma muy en serio y yo te veo más como de aventurilla”. Y es verdad, el profesor, madurito y sereno, los compañeros, casi todo compañeras en realidad, treintañeras con cara de acabo de dejar en la puerta a mi jefe, o mi despacho, porque, igual me confundo, que ya iré profundizando, pero creo que algunas de ellas ya se conocían porque tenían la esterilla casi pegada y con mirada cómplice. Y claro, me miraban, que soy la nueva. Es que lo que no me habían dicho es que te quedabas en calcetines, que si yo llego a saberlo me pongo unos de Adolfo Domínguez muy monos que tengo. Pero ni sabía que existían unos tipo guante, pero para los pies, que se meten por los deditos. Y me dio corte preguntarle a la chica que los llevaba donde se compran. Porque yo sé que mi idolatrada Top model Kristy Turlington ha hecho ropa de Yoga para Puma o Nike, ahora no recuerdo la marca, pero ni idea de si pueden comprarse en Madrid.

Que si alguien del ciber espacio lee esto (ecoooo) y me puede echar un cable pues que lo agradezco. ¿Hay ropa especial para Yoga?

Bueno, la clase muy chula con las posturas (se llaman Asanas) y el profesor, Ramiro, un encanto, pero llega la meditación, todos con los ojos cerrados, todo silencio excepto un rumor de agua y pajarillos silbando que salía del CD, y hay que poner la mente en blanco. Imposible. Bueno, como que me pasó todo el día por delante: yo hablando con Amparo delante de la maquina del café, recogiendo mi página de la impresora, haciendo llamadas, pegándome el parche anti-tabaco… bueno, todo. Ya sólo notaba el corazón acelerado, una mala uva que me subía conmigo misma por no concentrarme, y claro, a la vez pensando, “ya verás, se pasa el ejercicio, terminamos la clase y me voy peor de lo que he venido”. Pero en esas que se me ocurre imaginarme que me pongo una sábana blanca por encima, muuuuy blanca, y… ¡empiezo a volver a escuchar a Ramiro! (menos mal). “Tensa el brazo derecho, fuerte, desténsalo… ” Uff, menos mal. El caso es que, cuando lo conseguí, me pareció que era lo más cercano a estar flotando que he estado nunca. Una gozada. Así que, además de los jueves, los martes se van a convertir en mi día favorito.

Por cierto, ahora al conectarme he visto un artículo en 20 minutos sobre la felicidad, (http://www.20minutos.es/noticia/411434/felicidad/posible/aprendizaje/#comentarios) que me ha hecho pensar si el rato que pasé ayer en Yoga podría servir. Seguiré probando. Ya os contaré…

Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm.