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Hoy es un buen día para volver de vacaciones y retomar mis post

Ya estoy de vuelta después de unas merecidas vacaciones, y necesarias, porque esto de quedarse en Madrid en verano está bien porque hay menos colas en los sitios, pero una necesita tomarse un respiro y retomar fuerzas. La verdad es que de vacaciones parece que esto de ser positivo y pensar sólo en el buen rollo surge más efecto. Uno se relaja, se toma unos vinos sin prisas, come por ahí sin mirar el reloj… en fin, que el estrés se queda a un lado. Lo único que he echado de menos ha sido mi clase de yoga, y visitar el blog. Pero, ¡Que sorpresa más agradable me he llevado al volver este finde y ver tantos comentarios! Muchas gracias a todos por visitarme, y dejar frases tan agradables, ah! y consejos 😉

El caso es que me he cogido una semana para irme a Salvador de Bahía y… ¡Ha sido maravilloso! la gente un encanto, la ciudad, aunque tampoco es para echar cohetes, los alrededores, los pueblitos y las playas son increíbles, además allí empezaba su primavera y en general he podido aprovechar para ¡descansar!

Como siempre, lo peor, lo pesado del viaje el avión, que ya me hubiera gustado llevar más tiempo con el yoga y poder doblar los tobillos sobre las rodillas porque, de verdad que los asientos no pueden estar más juntos… por lo menos en turista, que digo yo que viajar en primera o bussines pues entre que te llevan un aperitivo y te ofrecen el kit duerma-usted-feliz (que dicen las leyendas urbanas que existen), pues las once horitas hacen hasta que se te olvide el tiempo de espera en el aeropuerto.

Bueeeeeeeeno, que el objetivo era mantener el pensamiento positivo…. debe ser el sindorme postvacacional, peeero, no voy a rendirme, yo sigo a la mía y con la ayuda de la ley de la atracción seguro que me voy más veces de vacaciones en plan resort, a todo lujo, ¡y el próximo viaje lo hago en primera!

Ah! que la foto no es de Salvador de Bahía, que aún no las he volcado al portatil, pero es el fondo de escritorio que me he puesto nada más aterrizar para recordarme que mi medio natural es tomar cahipiriñas (¿se escribe así? es que sólo sé cómo se pronuncia…) en una playa, o irme de compras, ¿por qué no? por Manhattan al más puro estilo Carrie Bradshow.

Namasté

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Hoy puede ser un buen día para ser feliz

Creo que esto de la meditación se me va a dar bien. Ayer comencé mi clase de Yoga, y oye, que fue mejor de lo que esperaba. Hasta que tuve que dejar la mente en blanco. ¡En blanco!

¡Menos mal que tenía los ojos cerrados!, porque, con los modelitos de calcetines que llevaban mis compañeros ya tenía material suficiente para distraerme.

Si es que me lo dijo mi amiga Clara cuando me apunté en este centro de Yoga: “cuidado Isabel que la gente se lo toma muy en serio y yo te veo más como de aventurilla”. Y es verdad, el profesor, madurito y sereno, los compañeros, casi todo compañeras en realidad, treintañeras con cara de acabo de dejar en la puerta a mi jefe, o mi despacho, porque, igual me confundo, que ya iré profundizando, pero creo que algunas de ellas ya se conocían porque tenían la esterilla casi pegada y con mirada cómplice. Y claro, me miraban, que soy la nueva. Es que lo que no me habían dicho es que te quedabas en calcetines, que si yo llego a saberlo me pongo unos de Adolfo Domínguez muy monos que tengo. Pero ni sabía que existían unos tipo guante, pero para los pies, que se meten por los deditos. Y me dio corte preguntarle a la chica que los llevaba donde se compran. Porque yo sé que mi idolatrada Top model Kristy Turlington ha hecho ropa de Yoga para Puma o Nike, ahora no recuerdo la marca, pero ni idea de si pueden comprarse en Madrid.

Que si alguien del ciber espacio lee esto (ecoooo) y me puede echar un cable pues que lo agradezco. ¿Hay ropa especial para Yoga?

Bueno, la clase muy chula con las posturas (se llaman Asanas) y el profesor, Ramiro, un encanto, pero llega la meditación, todos con los ojos cerrados, todo silencio excepto un rumor de agua y pajarillos silbando que salía del CD, y hay que poner la mente en blanco. Imposible. Bueno, como que me pasó todo el día por delante: yo hablando con Amparo delante de la maquina del café, recogiendo mi página de la impresora, haciendo llamadas, pegándome el parche anti-tabaco… bueno, todo. Ya sólo notaba el corazón acelerado, una mala uva que me subía conmigo misma por no concentrarme, y claro, a la vez pensando, “ya verás, se pasa el ejercicio, terminamos la clase y me voy peor de lo que he venido”. Pero en esas que se me ocurre imaginarme que me pongo una sábana blanca por encima, muuuuy blanca, y… ¡empiezo a volver a escuchar a Ramiro! (menos mal). “Tensa el brazo derecho, fuerte, desténsalo… ” Uff, menos mal. El caso es que, cuando lo conseguí, me pareció que era lo más cercano a estar flotando que he estado nunca. Una gozada. Así que, además de los jueves, los martes se van a convertir en mi día favorito.

Por cierto, ahora al conectarme he visto un artículo en 20 minutos sobre la felicidad, (http://www.20minutos.es/noticia/411434/felicidad/posible/aprendizaje/#comentarios) que me ha hecho pensar si el rato que pasé ayer en Yoga podría servir. Seguiré probando. Ya os contaré…

Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm.