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Hoy es un buen día para compartir una sonrisa… y un mantra

Hace unos días me llegó por mail un enlace a este video que quiero compartir porque a mi me ha hecho reir y que de hecho, con estos días de locura en la redacción me lo he puesto varias veces para no decaer en mi intento de seguir El Secreto, y mantener un tono alegre, sonriente y positivo.

Oye, y parece que va funcionando porque al mínimo ladrido de algún compañero o comentario negativo me imagino al humorista, hablando de los fondos y parece que se vuelve a mejorar mi humor otra vez. Y lo interesante… parece milagroso pero juro que estoy siendo testigo de que pasando sólo buen rollo al final consigues o que los del mal rollo te dejen en paz o cambien también un poquito el humor. ¡A que es increíble!

Todavía no me he terminado el libro de El Secreto pero lo que llevo leído me está funcionando para mejorar la cantidad de buenos momento de positivismo en mi día. También ayudan mis dos días de Yoga a la semana, que Ramiro es un mago de las Asanas y salgo hasta con agujetas, y como en una nube. Ayer entre todas cantamos un mantra (¡que momento!, yo que huyo de los karaokes, cantando sílabas que no sé qué significan…). Os lo dejo, aunque no sé cómo sé como poner la entonación, pero bueno, supongo, que recitado 11 veces, como nos contó Ramiro, también valdrá, ¿no?

OM AIM HRIM KLIM CHAMUNDAYE VICHE

El caso es que inspireis y al ir a soltar el aire Ommmmmmmmmmm, Aiiimmmmmmmm, Rimmmmmmmm, Kilmmmmmmmmmmmmm inspirais de nuevo y al soltar: Cha mundaye Vihcheeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee

Creo que así podéis hacerlo mejor. Espero que os sirva. A mi ya sólo con lo que me reverberaba todo por dentro ya me pareció toda una experiencia.

Hoy no os podéis quejar, un dos por uno. Un video para arrancar unas carcajadas y un mantra

Namaste

 

 

Hoy puede ser un buen día para ser feliz

Creo que esto de la meditación se me va a dar bien. Ayer comencé mi clase de Yoga, y oye, que fue mejor de lo que esperaba. Hasta que tuve que dejar la mente en blanco. ¡En blanco!

¡Menos mal que tenía los ojos cerrados!, porque, con los modelitos de calcetines que llevaban mis compañeros ya tenía material suficiente para distraerme.

Si es que me lo dijo mi amiga Clara cuando me apunté en este centro de Yoga: “cuidado Isabel que la gente se lo toma muy en serio y yo te veo más como de aventurilla”. Y es verdad, el profesor, madurito y sereno, los compañeros, casi todo compañeras en realidad, treintañeras con cara de acabo de dejar en la puerta a mi jefe, o mi despacho, porque, igual me confundo, que ya iré profundizando, pero creo que algunas de ellas ya se conocían porque tenían la esterilla casi pegada y con mirada cómplice. Y claro, me miraban, que soy la nueva. Es que lo que no me habían dicho es que te quedabas en calcetines, que si yo llego a saberlo me pongo unos de Adolfo Domínguez muy monos que tengo. Pero ni sabía que existían unos tipo guante, pero para los pies, que se meten por los deditos. Y me dio corte preguntarle a la chica que los llevaba donde se compran. Porque yo sé que mi idolatrada Top model Kristy Turlington ha hecho ropa de Yoga para Puma o Nike, ahora no recuerdo la marca, pero ni idea de si pueden comprarse en Madrid.

Que si alguien del ciber espacio lee esto (ecoooo) y me puede echar un cable pues que lo agradezco. ¿Hay ropa especial para Yoga?

Bueno, la clase muy chula con las posturas (se llaman Asanas) y el profesor, Ramiro, un encanto, pero llega la meditación, todos con los ojos cerrados, todo silencio excepto un rumor de agua y pajarillos silbando que salía del CD, y hay que poner la mente en blanco. Imposible. Bueno, como que me pasó todo el día por delante: yo hablando con Amparo delante de la maquina del café, recogiendo mi página de la impresora, haciendo llamadas, pegándome el parche anti-tabaco… bueno, todo. Ya sólo notaba el corazón acelerado, una mala uva que me subía conmigo misma por no concentrarme, y claro, a la vez pensando, “ya verás, se pasa el ejercicio, terminamos la clase y me voy peor de lo que he venido”. Pero en esas que se me ocurre imaginarme que me pongo una sábana blanca por encima, muuuuy blanca, y… ¡empiezo a volver a escuchar a Ramiro! (menos mal). “Tensa el brazo derecho, fuerte, desténsalo… ” Uff, menos mal. El caso es que, cuando lo conseguí, me pareció que era lo más cercano a estar flotando que he estado nunca. Una gozada. Así que, además de los jueves, los martes se van a convertir en mi día favorito.

Por cierto, ahora al conectarme he visto un artículo en 20 minutos sobre la felicidad, (http://www.20minutos.es/noticia/411434/felicidad/posible/aprendizaje/#comentarios) que me ha hecho pensar si el rato que pasé ayer en Yoga podría servir. Seguiré probando. Ya os contaré…

Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm.